La última y nos trasladamos

Cuando uno era adolescente y andaba de novios, había una frase que uno nunca quería escuchar. Más temida que la de “siempre no, gracias”. Era: “necesito tiempo para una pausa”. Era lo peor de dos mundos porque uno se desvelaba pensando en que en cualquier momento le decían adiós y porque uno no podía cerrar el capítulo, pasar el luto y abrirse a nuevos mundos.

Allá por 1999, a mis 16 años, en alguna pausa de noviazgo, fue cuando descubrí elPeriódico. Por primera vez había un medio que me daban ganas de leer a mí como adolescente que empezaba a saber que había un país vibrante afuera del mundo ideal en el que crecí.

En mis intentos por reducir esas pausas de noviazgos y empezar nuevos, me volví poeta. O más bien un querendón que quería escribir. Le entregué entusiasmado mis letras a la sección de cultura de elPeriódico y me respondieron que me recomendaban mucha lectura. Tenían toda la razón.

Pero yo quería escribir. Y entonces me convertí en aprendiz de periodista. Empecé en Prensa Libre un 27 de noviembre de 2000. Después de siete años como periodista y tres como columnista (175 columnas), me dieron las gracias con la excusa de haber fundado un medio online que era una competencia, Plaza Pública. Ese mismo día me invitó Juan Luis Font a elPeriódico y lo agradecí como un salvavidas en alta mar. Y agradecí más a los muchos lectores (al menos así me lo hicieron sentir) que me acompañaron a este espacio, que se llama Wachik’aj y quiere decir “soñalo” en maya k’iché.

Llegué a las páginas de elPeriódico para compartir espacios en la sección de opinión con algunos de los escritores que más admiro. Gustavo Berganza, Dina Fernández, Raúl de la Horra, Andrés Zepeda, Beatriz Colmenares, Ana Carolina Alpírez, José Rubén Zamora (y tantos otros). Era un 9 de marzo de 2011, hace tres años y medio. Hace 175 columnas. Cabal.

Desde este espacio, que he disfrutado como pocos, escribí ideas, me peleé contra molinos de viento, fiscalicé a los poderosos, reconocí a gente que sentía que merecía reconocimientos, escribí errores y pedí disculpas, hice algunos enemigos y muchos más amigos (agradezco tanto todos los comentarios a las columnas), y aporté de la forma en la que siento que puedo aportar a nuestra sociedad: escribiendo.

Hace 55 días fundé mi propio medio online, Nómada, y estoy tan felizmente ocupado, que tuve (con cierta tristeza) que espaciar mis columnas semanales a una cada quince días. Y la semana pasada me dijeron en elPeriódico que están reestructurando esta sección de opinión y no tendrán más columnas quincenales. Entonces que hiciéramos una pausa hasta que pudiera retomar el ritmo semanal.

Pero a mí las pausas me recuerdan a esos momentos de ansiedad de los noviazgos en la adolescencia. Entonces me acordé de Mario Benedetti (que para nosotros los románticos siempre es un refugio) y una frase suya en algún libro que dice que cuando uno se pregunta si ya es hora de irse, es que ya pasó la hora de irse. Es por eso que es mi última columna en elPeriódico.

Gracias a todos los periodistas y columnistas que contra viento y marea logran sacar adelante este valiosísimo medio. Rodolfo Móvil, Lucy Chay, Mirja Valdés, Vernick Gudiel, María del Carmen de Curley, periodistas, columnistas, todos. Sibalaj maltyox.

Escribo medio triste. Porque sé que hay lectores de este espacio, generosísimos conmigo y que hemos viajado juntos estos siete años, que tal vez no me sigan al mundo digital porque no les gusta eso de las computadoras. Por eso algún día, nos prometo, volveré a escribir en papel. Salú por la vida, y por el futuro. (Estaré en www.nomada.gt y en martin@nomada.gt)

174.Baldetti se equivoca (otra vez), ahora al hablar de hackear

La verdad es que no disfruto criticar al villano demonizado de la temporada. Pero la vicepresidente Roxana Baldetti pule cada vez más su antipatía por la democracia y su afán por los controles autoritarios. En una entrevista radial dijo que para evitar el acoso para el que se usa la app Secret, el gobierno usaría unas herramientas “carísimas” con las que cuenta para hackearla y dar con los responsables de los posts.
La semana pasada escribí que a mí me parece que debemos prohibir esta app. Pero debemos hacerlo con argumentos legales y protegiendo derechos, como quiere poner en el debate la PDH. O convenciendo a Google, a Apple y a Microsoft de lo dañinas que pueden ser apps como ésta. Es decir, sería mucho más efectivo y democrático que un tribunal prohíba una app que se usa para violencia contra las mujeres, a que el Gobierno compre equipo para hackear todas las redes sociales y tener toda la información de los ciudadanos.
Brasil no logró cerrar la app y la semana pasada todavía podía bajarse a pesar de la orden judicial. Parece que llegaron a un acuerdo y Secret hará algunos cambios en su actualización, que debería estar disponible desde esta semana (al menos para Brasil). Ahora, por ejemplo, ya no se va a poder subir fotos desde celulares, tendrán que pasar por Flickr, se prohibirán posts con nombres propios y cuando se detecten palabras claves, Secret bloqueará el post y le pedirá al usuario que lo piense dos veces.
No sé si será suficiente o si realmente podrán filtrarlos, pero debemos evitar plataformas que sean usadas como espacios de violencia contra las mujeres. Y debemos usar toda nuestra creatividad para lograrlo y para asegurar valores democráticos como la privacidad, el derecho a al anonimato, la libertad y la dignidad en estos tiempos, que no son virtuales sino hiper-reales.
A los gobiernos (en especial el del PP) estos valores y la privacidad de los ciudadanos les importan un comino y los jueces deberían protegernos. El año pasado, esta administración compró un programa para el procesamiento de datos digitales y también se descubrió de una oficina (más) de vigilancia sobre posts y tuits. Yo no quiero que a cambio de encontrar a responsables de violencia en Secret, puedan tener acceso a mi información personal. Como tampoco estoy de acuerdo que para bajar los índices de violencia pongan cámaras con face-recognition en la zona 18.
En resumen: no tenemos que renunciar a libertades para garantizar la seguridad. Hay formas mucho más creativas y eficientes.

PS1. Cuando parecía más débil, la CICIG y el MP nos demostraron –con la captura de la red criminal más poderosa desde las cárceles– que tienen más vigencia y fuerza que un gobierno de mano dura. ¿Deberíamos cerrarla en 2015 o todavía podría ayudarnos, pequeña y eficiente, para desmantelar redes de aparatos clandestinos al amparo del Estado?

PS2. Perdonen que tras 7 años como columnista semanal (la mitad en elPeriódico) me haya convertido por ahora en uno quincenal. Es porque estoy felizmente ocupadísimo en Nomada.gt

173. Correa es un conservador

El ecuatoriano Rafael Correa me parece el líder más interesante de América Latina. Pero tampoco exageremos como lo hacen los libertarios y los ultra-conservadores. Correa es más bien un conservador para nuestros tiempos, o un progresista que hubiera sido de vanguardia en tiempos de Jacobo Árbenz. El progresismo de nuestra generación tiene otros componentes.

Es más fácil ver las diferencias si nos abstraemos de nuestro contexto. ¿Se imaginan si John F. Kennedy hubiera estado a favor de la igualdad económica pero en contra de los derechos de los negros que reivindicaba Martin Luther King? ¿Se imaginan que Juan José Arévalo hubiera legalizado los derechos de los trabajadores pero hubiera estado en contra de los derechos de las mujeres a votar? Conforme evoluciona la sociedad, hay batallas indispensables, tan importantes como las anteriores.

Correa predica (y pone en práctica, que es su estrella) muchos de los postulados de la izquierda moderna del mundo en el siglo XX. Seguridad social universal, educación gratuita de calidad, salarios dignos, aprovechamiento de los recursos naturales tutelados por el Estado, independencia respecto de la diplomacia estadounidense. No veo muchas diferencias respecto de la Revolución del 44 o de la Revolución Mexicana, o del New Deal gringo, o de todas las reformas sociales de Brasil o Chile en el siglo XX. Lo que pasa es que en Guatemala nos salteamos parte del siglo XX desde 1954 a 1984, y el debate nacional está todavía muy influido por los equivocados libertarios.

Así, alguien a favor de más igualdad económica, pero en contra de los derechos de los indígenas no es progresista. O alguien que está a favor de más igualdad económica y entre las relaciones interétnicas pero está en contra de los derechos de las mujeres, o de la diversidad sexual, o de la democracia hacia lo interno de su partido, tampoco es progresista.

Cuando diputadas de su partido Alianza País propusieron despenalizar el aborto en casos de violación (algo obvio y un acuerdo social desde hace décadas), su reacción fue decir que si se aprobaba, renunciaría, humillando así a las legisladoras e impidiendo cualquier debate. ¿Qué tipo de progresismo es éste? Uno del siglo XX. Pero no, no es el que esperamos muchos jóvenes o muchos progresistas actuales.

Una vez en la universidad de Columbia le pregunté al Ministro de Información de Correa qué hubiera hecho Quito si Assange hubiera publicado las cartas entre embajadas ecuatorianas. Me respondió que hubiera tenido un juicio en el que se respetaran sus derechos humanos en Ecuador. Es decir, no asilan a Assange por proteger su vida y la libertad de informar, sino sólo por proteger su vida, que ya es más de lo que hace el resto de Estados, pero no es suficiente.

Esto no quiere decir que el progresismo sea mejor que el conservadurismo. Es sólo que damos más valor a ciertos valores. Esta gráfica (en inglés) lo resume (y simplifica) bien: informationisbeautiful.net/visualizations/left-vs-right-us/. Por ejemplo, los conservadores creen más en la meritocracia, el pragmatismo, el comercio libre y la equidad. Los progresistas creemos más en la igualdad, el idealismo, el comercio justo y la ética. Aunque hay mil matices. @Martin_Guate

(Nómada) Comer rico en la feria y preocuparse por los gorditos

Como muchos capitalinos, o guatecitadinos para ponernos algún gentilicio con identidad, fui a comer rico a la feria de Jocotenango. Elotes, garnachas, dulces, todo. Pero lo que más me sorprendió fue la cantidad de gorditos. De niños y adolescentes gorditos. O en sobrepeso. U obesos. Aunque parezca superficial, creo que debería ser también una alarma para la sociedad.

Podríamos achacar a la desigualdad que somos un país con un 43 por ciento de niños desnutridos y un 29 por ciento de niños obesos, según datos oficiales. Pero ahí está el truco. La gordura no tiene que ver con la riqueza. Y menos con la salud. Es más complejo. Los pobres tienden a tener más problemas de sobrepeso y obesidad porque la comida más barata tiende a ser menos nutritiva y más llena de azúcares.

Aquí un estudio en Estados Unidos. Y a continuación datos sobre Guatemala. En nuestro país lo demostraron varios estudios de UNICAR, la unidad de cirugía cardiovascular de Guatemala, que concluyeron que los alimentos no saludables tenían los precios más bajos en los supermercados (además de muñequitos que los hacen más atractivos para los niños), como citó el periodista Gustavo Berganza. Esto es una combinación letal: más barato para los padres y niños más felices momentáneamente.

A esto se suma que en Guatemala no tenemos una conciencia sobre lo peligroso que pueden ser la gordura o las azúcares. Yo recuerdo que hace unos diez años tenía una compañera de trabajo que estaba en sobrepeso. Después de unas vacaciones logró bajar y se sentía todavía más guapa de lo que es, pero la reacción de uno de los pilotos de la empresa (siempre he trabajado como periodista) fue “ay, pobrecita, bajó de peso. Pero no se preocupe mire, que nosotros la queremos y ya la vamos a ayudar a que vuelva a estar como antes”.

Bueno, yo mismo estuve en sobrepeso durante diez años y nunca creí estarlo. Y eso que subí 30 libras en un año cuando empecé a trabajar a los 18 años. Comía azúcares y azúcares y azúcar. Sólida y líquida. Y hacía menos ejercicio. Y me enojaba cuando alguien me decía: púchica, cómo estás de gordo.

Pero empezaron a venir las alertas (que todo el mundo siempre vemos como ajenas). Mi papá es uno de los 589 mil guatemaltecos con diabetes diagnosticada. El Ministerio de Salud estima que hay otros 589 mil guatemaltecos que no saben que tienen diabetes. Y cada año mueren unos 3,500 diabéticos, casi tantos como mueren asesinados en este país y eso es una epidemia. El Ministerio calcula que el Estado debería gastar Q2,000 millones para tratar a los diabéticos. Eso es como 4 por ciento del presupuesto nacional en nuestro Estado (sin recursos porque quienes tenemos más no queremos pagar más impuestos). Y no tenemos esa cantidad de dinero. De hecho, la mala alimentación es peor para la salud mundial que el tabaco.

Esas alertas no fueron suficiente para que adquiriera conciencia. Tuvo que pasar un libro sobre periodismo que me dijera que si queríamos contrarrestar la avalancha de información chatarra, los periodistas teníamos que disciplinarnos, y una primera disciplina era hacer un balance entre cuerpo y mente.

E hice el cálculo que recomienda la OMS. Cuando acabe de leer este artículo, puede incluir su peso, edad y altura acá. Y antes necesitará convertir su peso de libras a kilos acá.

Hasta hace como cinco meses, estaba en sobrepeso. Fui con una prima que es nutricionista (tan traumático como la primera vez que fui donde mi psicóloga, pues creí que no era sujeto de esas ciencias) y me dijo que no comiera todos los días lo mismo, redujera azúcares, comiera más frutas y verduras, comiera menos y tomara menos, e hiciera más ejercicios. Lo que a uno le dicen muchas veces de chiquito (junto al mensaje que engorde).

sNo es que todos nos volvamos esqueléticos o anoréxicos, que también es peligroso. Es sólo comer mejor para estar más saludables y durar más años en mejor estado. Es sólo que al menos hoy tengo más conciencia de los peligros de comer rico y no saludable todos los días. Por suerte la feria de Jocotenango sólo es unas semanas. Por suerte hay lectores que podemos recordarlo y recordárselo a los demás todos los días.

(Nómada) El poderoso trío López

Los López en Guatemala por lo general no salen en las secciones sociales de los medios. Menos en una reunión en la embajada de Estados Unidos. A menos que sean los tres López más poderosos del país. Y que los tres guarden cierta independencia respecto del establishment.

La revista ContraPoder y elPeriódico publicaron la foto, divirtiéndose sobre el color del traje azul-celeste del expresidente Vinicio Cerezo o en la sección social. En ella están José Ángel López, Mario López y Roberto López. Si alguna vez se unieran, especula este que escribe, podrían hacer que cambiara de manos el poder en Guatemala –más de lo que cada uno ya lo está haciendo por separado–.

Vamos a empezar por los huehuetecos. El primero de izquierda a derecha es José Ángel López Camposeco. Es un caficultor y cooperativista próspero, de 55 años. Dirigió la Asociación Nacional del Café (Anacafé), llegó a presidir el Banco de Desarrollo Rural (Banrural) y lo llevó a ser uno de los tres bancos más grandes del sistema, dando créditos (a tasas de interés igual de altas que los demás) a quienes no eran sujetos de crédito. Campesinos, campesinas, agricultores, indígenas, mujeres de la provincia. Muchas redes sociales. Banrural se convirtió en un banco tan grande que fue percibido como una amenaza para algunos en el sistema. Una amenaza que debía ser atajada y en 2009 el abogado Rodrigo Rosenberg se lo intentó llevar de corbata cuando hizo el video sobre su asesinato y acusó a López de ser parte de la trama, o amigo de los supuestos asesinos. Después de un ostracismo por parte del establishment, resurgió. Tras dejar Banrural, ahora tiene intenciones empresariales y políticas. Como llegar a ser Presidente.

El segundo es Roberto López Villatoro, de 46 años. Es más conocido en la política mediática como el Rey del Tenis y en la política como el Rey. O para sus amigos, Rafael Nadal. Hizo fortuna importando tenis de China y fue el ungido por su entonces suegro Efraín Ríos Montt para hacerse de los dominios de las redes de abogados para cooptar el sistema de justicia. Lo logró. Al menos para que Efraín Ríos Montt llegara a ser candidato presidencial y para que el establishment lo detestara y lo vapuleara mediáticamente en 2010. Resurgió. Ahora es el más influyente en las comisiones de postulación y todos los grupos de poder necesitan de él para llegar a los votos que elegirán jueces: sector privado, sociedad civil o el Gobierno. Quiere cambiar el país desde el Organismo Judicial.

El tercero es el más grande en edad, en caudal y en poder político. Mario López Estrada. Está probablemente en sus setentas. Fue ministro de Comunicaciones durante el gobierno de Vinicio Cerezo (1986-1991). Durante su gestión se privatizó la telefonía móvil y él se convirtió en accionista de Comcel, ahora Tigo. Casi treinta años después, Tigo mantiene más de la mitad del mercado y López es el mayor socio. Todas mis fuentes empresariales consultadas en el último semestre coinciden en que es el hombre más millonario de Guatemala. La semana pasada Bloomberg lo colocó como el primer billonario (que tiene una fortuna de más de mil millones). Una fortuna que no tiene visos de detenerse, ni en poder económico ni en poder político.

Está incursionando en la infraestructura en Guatemala, Centroamérica y los Andes. También en los servicios bancarios con Tigo Money. Y en los medios, pues es accionista minoritario en Prensa Libre. Su tamaño va un poco más allá. Dos fuentes me aseguraron que la participación de los Gutiérrez Bosch en la adquisición de 40 por ciento de Telefónica-Centroamérica fue por la posibilidad que Mario López la comprara. Además que Tigo sabe ejercer ese poder sobre el Congreso. Impidió una reforma fiscal a las telefónicas en 2010, según el exministro de Finanzas Juan Alberto Fuentes Knight, y cabildeó para que los diputados de casi todos los partidos aprobaran la ley de Telecomunicaciones que les dio 20 años más de concesiones sin pago adicional de impuestos. Esto incluso en contra de la voluntad del magnate televisivo Ángel González o sin consultarlo con el resto del sector privado agrupado en el Cacif, del que la gremial de telefónicas no es parte. Es decir, es el empresario más influyente entre los políticos, en el Congreso y en el Ejecutivo.

Los tres se llevan bien entre sí.

Y aunque no son niños de primera comunión, ninguno de los tres ha hecho su fortuna empresarial y política con ningún favor del establishment económico. Quizás por eso les pone nerviosos. ¿Qué pasaría si esa foto se repitiera en otros lugares y con otras intenciones?

172. Aunque sea hackéenlo

Para dar batallas hace falta ganas y creatividad. Y cuando hay tanta barbarie contra niños, mujeres y civiles indefensos como lo está haciendo impunemente Israel contra Gaza, más todavía. Eso es lo que está haciendo Anonymous, quizás más efectivo o decidido que el gobierno del presidente (dizque) Nóbel de la Paz, Barack Obama.

Pues bien, los de Anonymous, ese colectivo de tecnólogos activistas, se pusieron a hackear las páginas del ministerio de Justicia, de los archivos estatales, del Ministerio de Defensa y del distrito Negev, en protesta por lo que hacen en Gaza. También dijeron claro lo que todos sentimos: “Como colectivo, Anonymous no odia a Israel. Odia que el gobierno de Israel cometa genocidio y abuse de gente desarmada para aumentar sus territorios en la frontera”, dijo un vocero al medio Mother Jones.

Además que a mí me parece extraño que justo haya invasiones cuando el mundo está viendo hacia otro lado (Navidad de 2007 o el Mundial de 2014) y cuando los palestinos se reconcilian y le dicen a Estados Unidos que están dispuestos a negociar con Israel. Entonces la extrema derecha de la extrema derecha israelí comienza a exigir “acabar” con Hamás, la organización política-militar de Gaza. Democráticamente electa y terrorista. Pero la guerra nunca va a acabar con una organización que surge por la desesperación del bloqueo israelí a la Gaza.

Así se lo pidió el escritor israelí David Grossman a su gobierno en el New York Times (http://www.nytimes.com/2014/07/28/opinion/david-grossman-end-the-grindstone-of-israeli-palestinian-violence.html?smid=fb-share&_r=1). Grossman apunta que estas guerras (o estas masacres israelís en Gaza) sólo debilitan a Israel y provocan que aumente el antisemitismo, inadmisible también.

Guatemala, como aliado fundador de Israel, como país que no cobija el antisemitismo, podría ser más proactivo para tender puentes entre Israel y América Latina. No sé cómo, la verdad. Quizás ayudar a que Estados Unidos entre en razón si los dejamos solos votando a pie juntillas por el extremismo del gobierno de Netanyahu y Lieberman. Siendo coherentes con América Latina y con nuestra propia decisión de reconocer a Palestina. O al menos “hackeando” la idea de que los críticos con Israel lo son porque los odian. No, somos críticos porque los dirigentes israelís se enfermaron de odio, y nadie puede vivir así toda la vida. @Martin_Guate

PS. Chan, chan, chan, chan. Llegó el día. Este jueves 7 de agosto a las 9.09 de la mañana lanzaremos un nuevo medio. www.nomada.gt Se sorprenderán.

171. Violencia al volante; muerte segura

Estuve a punto de comentar sobre la escena del presidente Otto Pérez y del embajador Julio Ligorría, indignados porque la BBC y el Washington Post les recuerdan que su presencia en la Casa Blanca la semana pasada por la crisis de los niños migrantes no es otra cosa que su retrato como fracaso político absoluto. Pero para indignarse junto a ellos y ponerse en la fila fantoche ya tenemos a medios tradicionales.

En vez de eso, me parece indignante una noticia muy pequeña que apareció el sábado en este diario. Waild Nasar Mubarak Villela, conduciendo ebrio, mató a Ángel Giovani López Roque, repartidor de periódicos de este matutino y papá de dos niños de 11 y 3 años. Y el caballero Mubarak no pudo ser obligado por los policías a una prueba de alcoholímetro, pues su abogado le indicó que no tenían derecho a hacerle ese test.

Esto no es teoría judicial. Esto es una historia con personajes y vidas reales, publicada ya con nombres y apellidos. La escena, el crimen y la reacción son absurdos. Un conductor ebrio mata a un trabajador. El trabajador, probablemente, no tenía seguro de vida ni seguridad social y ahora sus hijos tienen mucho más posibilidades de ser pobres toda la vida (aunque el sueldo de su papá no sé si los hubiera sacado de ella). Y el responsable probablemente esté libre dentro de unos días o unos años. Y como que si nada hubiera pasado.

¿Cuándo volverán a aumentar los retenes de la PMT para evitar conductores que son asesinos en potencia? ¿Cuándo tendremos a un Mockus que sea alcalde capitalino para disuadir de conducir ebrios a los ciudadanos como sucedió en Bogotá? ¿Cuándo legislará el PP, Baldizón y la UNE para disuadir o no dejar en la impunidad a estos individuos? ¿Cuándo perseguirán la Policía Nacional Civil y la Policía Municipal de Tránsito a estos delincuentes? ¿Cuándo las aseguradoras ofrecerán el servicio de taxis para ebrios responsables en vez de arriesgarlos a chocarse y matar gente?

En esta cultura de la impunidad en Guatemala o en América Latina o el mundo, nadie entendemos sólo por las buenas. Si no es con multas, suspensión de licencias y cárcel, seguiremos permitiendo a borrachos en el volante. Y se seguirán perdiendo vidas y arruinando otras vidas.

La injusticia de este país es diaria, omnipresente. Con estas vísperas, ¿cómo aseguraremos como sociedad una vida digna a estos dos niños López? ¿Cómo les diremos a ellos y a tantos niños que por favor no migren solos a Estados Unidos porque después el Presidente y el embajador tendrán que pasar penas para aclarar a la BBC y al Washington Post que éste es un país serio y que si los niños se van es culpa exclusiva de las mafias?

PS. Los tres presidentes centroamericanos, en vez de sólo decirle a EE.UU. que invierta más en Guatemala, podrían haberle llevado a Obama un ejemplar de Bitter Fruit de Stephen Kinzer o ¿Por qué lucha Guatemala?, de Luis Galich, y haberle recordado que Guatemala, El Salvador y Honduras se parecen más a lo que son y menos a otros países más decentes precisamente por haber estado en la esfera regional de influencia de Estados Unidos durante el siglo XX. @Martin_Guate

170. Esa imperceptible cosa llamada desigualdad

De la pregunta provocadora de ¿cómo des-ideologizamos los derechos humanos? para la que nos convocó el grupo de abogados corporativos Advocacy for Business and Human Rights, la politóloga Gloria Álvarez y este servidor terminamos hablando de cómo hacemos para que los derechos humanos puedan ser mejor respetados en Guatemala. Una integrante del público me dijo que yo no me daba a entender y que concretamente qué planteaba como prioridad.

Mi respuesta no fue elocuente y me quedé pensando toda la noche en qué concepto podía resumir la prioridad que debería tener nuestra sociedad para ser más justa, más próspera, con más futuro. Y llegué a una cosa, imperceptible, algo pasada de moda, pero determinante para que seamos una sociedad tan violenta, con tanta pobreza, con un Estado tan débil, con grupos que cooptan la cosa pública y en que nos refleja tan machista, racista y clasista. Tan despiadada, tan jodida con los más débiles. (Aló 50,000 niños migrantes solitarios.) Es la desigualdad.

Y cómo atajamos la desigualdad para dejar de estar en el top 10 mundial más desigual (que no es fácil, pues hay 194 países y sólo punteamos en biodiversidad, desnutrición, desigualdad y violencia). Probablemente están relacionadas las tres últimas: La mitad de la población es desnutrida por la desigualdad y somos violentos por la frustración que genera la desigualdad y la falta de oportunidades –como Suráfrica, partes de Brasil, Colombia u Honduras-). Y más que para dejar ese top 10, para ser una sociedad más armónica y que permita que nosotros que nacemos, crecemos o vivimos acá tengamos más posibilidades de ser plenos.

La historia nos dice que hay tres formas de distribuir mejor: 1) Cobran más impuestos a quienes más tienen, 2) pagando mejores salarios a quienes menos tienen, y 3) garantizando bienes públicos de calidad (educación, salud, cultura, seguridad social) para compensar la mala suerte de no haber nacido en una familia de clase media o alta.

Se puede relativizar –como decía alguien más en el público– sobre qué quiere decir “que paguemos más impuestos”, pero me parece que da poco lugar a dudas. Hay 1 por ciento en Guatemala que se queda con el 40 por ciento del tamaño de la economía y paga menos porcentaje sobre sus ingresos y ganancias que lo que pagamos la clase media que tenemos más ingresos (y que pagamos impuestos). Piketty & Company demostraron científicamente por qué es bueno para las economías y las democracias que no aumente la desigualdad a nuestros niveles.

Y mejores salarios a quienes menos tienen es cambiando la mentalidad de “competitividad a la baja” que profesa parte del sector privado, partidos y academia. Y garantizando bienes públicos de calidad es tarea de los políticos, los tecnócratas y la sociedad.

Pero no sólo. Los periodistas tenemos la obligación de compensar desigualdades por medio de información elaborada con mayor calidad y con más contexto y más transparencia, y empoderar así a los ciudadanos más débiles (y a todos en general). Y los empresarios de dar productos y servicios de calidad para compensar las desigualdades. Y los maestros, y los médicos, y los artistas, y los escritores, y los alcaldes, y los académicos, y todos.

Lo bueno es que a pesar de que parece etéreo eso de “que todos aportemos”, si lo tenemos claro y nos empeñamos, al menos la recompensa será igual de etérea, imperceptible y nos beneficiará a todos, que tendremos más ganas de salir, trabajar, soñar, vivir. @Martin_Guate

169. Se llevan a los niños para que no los maten ni las violen

Lo bueno de la goleada 7-1 fue que a muchos empezó a espabilarnos y sacarnos de la burbuja del mundial. Ahora que ya el mundial se acabó para todos, retomemos los temas urgentísimos. El más urgente es el del futuro de 4 millones de niños y 4 millones de adultos guatemaltecos que no tienen futuro por la pobreza, la desigualdad y la violencia. Una de cada cuarenta de estas familias envió a uno de sus hijos a cruzar México para llegar a Estados Unidos.

Una de cada cuarenta familias. Imagínese que desapareciera un niño de su cuadra cada semestre porque se fue a Estados Unidos acompañado únicamente de coyotes. Y no porque “los engañen los rumores de que ahora ya legalizan a los niños”, pues como le dijeron al periodista Óscar Martínez, de ElFaro.net, un coyote, un diplomático y una madre salvadoreña que pagó $4,500 por llevar a su hijo a EE.UU.: después de once años como indocumentada, “ya nadie cree en magias” de legalizaciones. Se los llevan porque no quieren que a sus hijos o hijas “no los maten o las violen cuando lleguen a adolescentes” en los barrios marginales o las aldeas centroamericanas en las que malviven. elfaro.net/es/201407/noticias/15683/

¿Y qué hacemos para frenar esto? ¿El plan de cazar coyotes de Obama –aceptado sin chistar por los presidentes de México, Guatemala, El Salvador y Honduras–? Sólo será un paliativo y frenará la migración temporalmente. Es como tapar una olla encendida y pretender que los que se están quemando hasta abajo no quieran arriesgarlo todo para intentar salir.

Las fórmulas mágicas no existen, pero ni siquiera estamos haciendo lo básico: pagar impuestos conforme nuestras capacidades para que esos 4 millones de niños pobres (cuyos papás no tienen para pagar impuestos) tengan acceso a educación y no abandonen las escuelas, tengan acceso a centros de salud y que gracias a esa educación después sean plenos y productivos para empleos dignos y seguridad social. ¿Cómo hacemos para lograr este círculo y evitar que expulsemos a 50,000 niños cada año? Impuestos para bienes públicos; bienes públicos (educación, salud); y empleos dignos.

Exactamente es lo opuesto a lo que estamos haciendo. Cediendo más excepciones fiscales, reduciendo la permanencia de niños en las escuelas, administrando Salud y el IGSS con total opacidad, rebajando los mínimos para empleos dignos. No necesitamos campaña electoral anticipada, necesitamos que los movimientos sociales, los grupos de poder y los líderes se sienten y avancen hacia allí: bienes públicos para que todos tengamos oportunidades y no tengamos que expulsar a 50,000 niños y niñas para que no los maten ni las violen cuando lleguen a ser adolescentes.

@Martin_Guate

168.Recuperar la dignidad (el TSE)

Lo bueno y lo malo de la democracia es que necesita de oxígeno para mantenerse viva. Si no respira, se muere. Lo que ha hecho esta vez el pleno de magistrados del Tribunal Supremo Electoral (TSE) es darle una bocanada de oxígeno al cada vez más obsoleto sistema de partidos políticos. Y ahora necesitamos respaldarlo para que siga siendo guardián de este sistema a pesar de las presiones enormes de muchos autoritarios.

Rudy Pineda, Julio Solórzano, Jorge Valenzuela, María Eugenia Mijangos y Mario Aguilar están haciendo justo lo que los ciudadanos esperamos que hagan. Que frenen los abusos de los partidos, encabezados por los más irrespetuosos de la ley y de la democracia: el Partido Patriota y el partido Lider. Sería muy sano para la democracia que si siguen refunfuñando y no cumplen con lo que ordenó el TSE los suspendieran dos años y no pudieran participar en 2015.

Me parece populista decir que vivimos en una dictadura, pero la fórmula es infalible: si un pone a un autoritario (militar o populista) a dirigir el gobierno democráticamente electo, guardará las apariencias un tiempo e intentará gobernar por decreto. El gobierno del presidente Pérez y la vicepresidente Baldetti desprecia la democracia con todas sus fuerzas. En el Congreso, no ha aprobado una sola ley con tres lecturas para discutir su contenido, desdeña de la poca independencia que ejerce la prensa o de la oposición ciudadana en el campo y su gobierno ha administrado los recursos en la mayor opacidad, sin licitaciones o simulándolas, justo lo que criticaban cuando estaba en oposición. Y Lider, de Manuel Baldizón, empezó la publicidad anticipada como al mes de haber empezado este gobierno y opera a fuerza de su chequera.

Así que para hacer contrapeso a los autoritarios en el Gobierno y el Congreso, no hace falta rezar o no sólo mejorar el diseño institucional, hacen falta personas que tengan agallas y sepan que de sus actuaciones no depende su futuro económico, sino su dignidad y la dignidad de la sociedad.

Por eso es un alivio cuando llegan funcionarios como Claudia Paz al MP, o Jorge De León a la PDH, o magistrados muy valientes a la Corte Suprema de Justicia, como los magistrados Medrano, Gómez, Sierra, Barrientos y los que conformaron el grupo de los siete que resistieron las presiones del Gobierno y de la mala prensa para evitar que tomaran la presidencia de la CSJ en este año crucial. O los magistrados del TSE.

Y nunca es tarde para recapacitar. Por ejemplo, Prensa Libre le ha hecho los favores al presidente Pérez Molina cada vez que llamaba y pedía cambios de enfoque. El mejor ejemplo fue cuando en protestó por el titular contrario a las reformas constitucionales (algo como “Cacif reitera su oposición a las reformas”) y al día siguiente había un titular complaciente (algo como “Gobierno cuenta con apoyo”). Pero la semana pasada le pidieron que los respetara y dejara de llamarlos. Está bien, se vale, uno puede recapacitar y recuperar la dignidad; y gritarlo a los cuatro vientos. Ya quisiera uno que eso hicieran los de la Corte de Constitucionalidad o los diputados sobre sus compradores, al menos por un día. Los magistrados TSE está colocando ese día al principio de su gestión; ojalá lo mantengan durante cada uno de sus años.

PS. Seguimos construyendo Nómada, ahora con los lectores. No se pierda esta campaña para soñar. https://www.indievoic.es/#/project/22/story

@Martin_Guate