El blog de Wachik'aj

20 años de Alemania (mi post) y El peligro alemán (de Lluis Bassets)

Desde que se empezó a celebrar el 20 aniversario de la caída del Muro de Berlín he querido escribir algo sobre Alemania, sobre Berlín. 

Mi relación con ese país empieza quizás por 1970, doce años antes de haber nacido. Mi papá empezó a estudiar ingeniería en la USAC y vio que entre sus compañeros de clase, los mejores y los más unidos eran los del Colegio Alemán. Ahí quiero que estudien mis hijos, se propuso, él que había tenido que pedir prestado para pagarse los últimos años de su secundaria. Para lograrlo primero tenía que trabajar para poder mantenerlos ahí, encontrar a una mujer para decidir hacerlos y criarlos con amor y disciplina, llenos de autoestima y energía (la escogió muy bien, a mi mamá).

No es fácil entrar al Alemán de Guatemala. A los 4 años uno tiene que ir al kindergarten y jugar una semana en los columpios, pintar, platicar y hacer amigos mientras psicólogos lo observan. Hay, entonces, 60 plazas por año. Prioridad para alemanes, hijos de alemanes, hijos de ex alumnos y hermanos de alumnos. Después, los demás. Yo era de los demás. 

In ogni modo, pasé los años en el Alemán con mis papás trabajando un montón y mis hermanos y yo creciendo en una burbuja cerca de otra burbuja -de muchos de mis compañeros de clase, más alta y más lejana de la realidad-. Amé Alemania a los 5 años cuando aprendía el idioma; la odié a los 10 cuando aprendí el dativo; la volví a querer cuando tenía 16 y sentía que se acababa la vie en rose y la aprecié de nuevo esa inversión de mis papás con las posibilidades laborales y académicas que me daba. 

Así, por hablar alemán, fui uno de 20 periodistas latinoamericanos con una beca para conocer el país y los periódicos alemanes, por el lejano año de 2002. Viví en Berlín cuatro semanas y conocí 10 ciudades del país. Nos mostraron desde lo más sublime como la filarmónica de Berlín hasta lo más paupérrimo del alma como un campo de concentración en Buchenwald. Aprendí de jóvenes alemanes que son el único país europeo (y probablemente del mundo) que tiene una conciencia crítica sobre su pasado nacional -como deberían tenerlo los ingleses y franceses por su papel en África, los japoneses por su papel en China y el resto de Asia, los guatemaltecos mestizos y blancos por su papel con los indígenas-… los alemanes tienen esa conciencia crítica. 

Fui a Alemania después en otra beca de la Fundación Konrad Adenauer a discutir sobre democracia con periodistas, políticos y activistas de 20 países en desarrollo, después otra vez en otra beca del Gobierno alemán y después a otra beca de  la Asociación Internacional de Periodistas e hice una pasantía en el prestigioso diario Süddeutsche Zeitung.

Descubrí, por ejemplo, que los alemanes practican la solidaridad, pero no en retóricas, sino en dar sistemáticamente de su trabajo, de su bolsillo, para otros. Para que los que tienen menos en Alemania tengan las mismas oportunidades; para los europeos (19% de la UE está financiada por Alemania), para la ONU… claro que tienen problemas o conservadores cortos de mente o un 3% que vota al partido neonazi (en comparación al 18% de franceses). No es que sean ideales, pero de todos los pueblos de Occidente, he aprendido -por estar ahí y en otros 11 países occidentales-, que los alemanes son un pueblo noble y que aprendió la lección de la Segunda Guerra. 

Berlín es la ciudad que muestra que otro mundo es posible. Capital cultural y política, hay más bicicletas que carros, parques que la hacen parecer bosques, tantos colores en la piel como en las ideologías, cultura, historia, muchas culturas, ganas de interesarse por el mundo… es una ciudad en la que casi todos son ciudadanos. O bueno, más que otro mundo es posible, es una muestra que los humanos podemos organizarnos para vivir mejor. 

He aprendido de los alemanes que son de los mejores amigos del mundo. Hans, Paloma, Julia, Jessica, tantos súper amigos alemanes, tan fieles amigos… 

Claro, a los alemanes no les es fácil demostrar al mundo esos detalles de su forma de ser, les da vergüenza hablar de sí mismos -a algunos nos debería dar más-. Cargan con la culpa del Holocausto que hicieron sus abuelos con los aplausos o los silencios cómplices del muchísimos europeos y gente de muchas partes del mundo. Eso a pesar de haber purgado su culpa con una división de 40 años, pero, más importante, de haber entendido que el mundo no debe ser fanático ni racista. Y este insignificante blog es para darles un aplauso por ser los más ejemplares dentro de ese mundillo oscuro y egoísta que es Occidente. Sigan adelante. 

 

(Decía que quería escribir porque no escribiría, sino que me apropiaría de las palabras de Lluis Bassets sobre los miedos que le daba Alemania unida en 1989 a los ingleses y los franceses y a los conservadores. Acá copio lo que publicó en El País)

 

El peligro alemán (12/11/09) Por Lluis Bassets En EL PAÍS

Margaret Thatcher y François Mitterrand se llevan la palma, a los 20 años del memorable acontecimiento. Se supo entonces, pero se ha confirmado todavía más ahora. Pero no estaban solos. Al contrario. Fueron muchos los que acogieron la caída del Muro con serios reparos, que fueron creciendo a medida que el horizonte hasta entonces lejano de la unificación alemana iba acercándose a toda velocidad. En España hubiera habido mayoría en contra si se hubiera puesto a votación entre los dirigentes políticos a derecha e izquierda. Helmut Kohl ha evocado con agradecimiento el caso excepcional de Felipe González.

La mayoría de los políticos españoles del momento hacían suya la frase del escritor François Mauriac, que no de Mitterrand como se ha dicho: estaban tan enamorados de Alemania que preferían que hubiera dos. Una Alemania unificada, nos decían, volvería a las andadas. Toda Europa marcaría el paso de la oca al compás de sus tambores. Regresarían el nacionalismo y el militarismo, incluso el antisemitismo. Quizás un nuevo Hitler surgiría de las sentinas de la sociedad alemana.

Todo eso no era más que una enorme demostración de conservadurismo político, estrechez moral y miseria intelectual. Y también de un curioso prurito historicista, profundamente perezoso, que sólo sabe ver el futuro como repetición de un pasado convertido en mito inmutable. Aunque los hechos han desmentido todos y cada uno de los temores, vale la pena hacer un rápido balance de lo que ha sucedido en estos 20 años respecto a los miedos europeos ante el regreso de Alemania.

Para empezar, no tenemos una Europa alemana, sino una Alemania europea, tal como quería Kohl. La unificación alemana ha traído también la unificación europea, que arrancó inmediatamente con el ingreso de los países que habían sido neutrales en la guerra fría, Austria entre ellos. Ante este movimiento, también hubo quien se echó las manos a la cabeza: otra vez la Anschluss o anexión de Austria, como en 1938. No ha sido así, al contrario. Austria es un socio europeo más, que comparte la moneda con Alemania, pero desarrolla su vida política propia con total independencia de Berlín.

El euro es la moneda de 13 países y no una nueva denominación del marco alemán. El miedo a una continuación de la llamada zona marco, en la que la moneda más fuerte actuaba de cabeza de la serpiente monetaria europea, ha quedado desmentido por los hechos. El Banco Central Europeo no es el Bundesbank y el euro no es un disfraz del marco. La renuncia de Alemania a su soberanía monetaria es el precio contante y sonante con el que Berlín ha pagado por el apoyo a la unificación.

La extrema derecha nacionalista tampoco ha renacido ni lo ha hecho el racismo xenófobo y antisemita, como los agoreros más truculentos se empeñaban en profetizar. Hubo en los primeros años algunos incidentes, a veces trágicos y con víctimas mortales, con trabajadores extranjeros, pero no en mayor medida, quizás incluso menos, de lo que se registran en otros países.

Tampoco ha habido resurgimiento alguno del militarismo como fruto de la unificación y de la salida de las tropas soviéticas. El Ejército alemán ha participado por primera vez en misiones en el extranjero, fruto de una decisión tomada por un Gobierno rojo y verde, con un ministro de Exteriores como Joschka Fischer al frente, primero en los Balcanes y ahora en Afganistán. Y no ha pasado nada.

Los sucesivos Gobiernos alemanes se han entregado con toda franqueza a la construcción europea y no han sido ellos, sino sus vecinos holandeses, franceses, irlandeses, polacos y por supuesto británicos, quienes han aprovechado las sucesivas reformas para poner obstáculos y barrer hacia casa. Se ha notado, es cierto, un repliegue nacionalista en toda Europa, pero no ha sido obra de los alemanes, sino de los socios de siempre. Alemania ha sido un jugador leal y europeísta en un momento de depresión y desaceleración en la construcción europea.

La ampliación, con la que los británicos buscaban diluir la UE, ha sido muy interesante para Alemania, pero por razones sobre todo económicas. La lengua alemana y la influencia cultural han menguado en todo el centro de Europa, pero no las inversiones ni el comercio. Una razón adicional para desmentir los temores de quienes blandían los espantajos del hegemonismo y del expansionismo.

La capitalidad de Berlín, que también fue esgrimida en algún momento como alguna forma de inconveniente, ha enriquecido a toda Europa, que cuenta con un nuevo centro cultural y político de enorme dinamismo y extiende así la influencia europea hacia el profundo Este europeo. En la urbe prusiana repite mandato Angela Merkel, hija directa de la unificación y la primera mujer que preside un Gobierno alemán. Todo contribuye a que los 20 años de la Alemania unida sean un motivo de alegría y de esperanza para todos los europeos.


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2 Comments to 20 años de Alemania (mi post) y El peligro alemán (de Lluis Bassets)

  1. Noviembre 12, 2009 at 9:12 am | Permalink

    Brillante sucesión de eventos, lo que puede progresar una sociedad, con sus errores y clasismos, que pasan en todas partes. Por eso estuve un rato el domingo celebrando, mi cuñado es del Alemán, mi hermana vivió allá y yo, pues simplemente aprecio el hecho histórico y la capacidad de evolución humana.

  2. Fredy Garcia Villavicencio.'s Gravatar Fredy Garcia Villavicencio.
    Noviembre 12, 2009 at 1:53 pm | Permalink

    Muy acertada tu descripcion de Alemania. He tenido la oportunidad de viajar a Europa en varias ocaciones y sin lugar a duda los Alemanes son personas muy amigables pero, como dices tu, con algo de verguenza de hablar de si mismos. El pasado esta en el pasado. Negarlo seria incorrecto pero vivir en el es incorrecto a la misma vez. Tenemos mcho que aprender de ellos en el aspecto de sobreponernos a nuestros pasados sangientos y tragicos de los cuales no fuimos ni tomamos parte en el mismo.
    Saludos.

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