“Las transiciones democráticas latinoamericanas de la década de los 80 estuvieron diseñadas para funcionar con ciudadanos idiotas (en el sentido griego de la palabra. En Grecia, los ciudadanos idiotes eran los que sólo se interesaban por sus asuntos personales y no participaban en lo público)”. Ésta reflexión, de Franklin Ramírez, investigador de FLACSO-Ecuador, me parece exacta para Centroamérica y Guatemala.
Y me puse a investigar un poco más y encontré esta otra reflexión de Miguel Osuna en su blog.
“Políticos e idiotas Las palabras cambian de significado a lo largo de su historia pero siempre quedan en ellas algo de su origen, no lo pierden todo. Es el caso de estas dos que aparecen en el título. Todo el mundo sabe lo que significan, ¿pero de verdad se sabe todo de ellas? ¿No ocultan algo? Si quitamos la “ e” que une esas dos palabras, ahora tendría problemas porque alguien se sentiría ofendido.
Pero a veces, algunos políticos ofenden a los ciudadanos “ocultando” en sus palabras sus intenciones. Y es que el lenguaje público está lleno de palabras que ocultan en lugar de aclarar o manifestar. Esta es la enfermedad de las palabras que decía Sartre: sirven para ocultar y no para clarificar.
En Grecia se aplicaba el término “ polites” a todo el que vivía en la “polis” ( el estado), el “politicos” era todo ciudadano que hablaba en el ágora. Hoy se aplica este término al “profesional” que pertenece a un partido político y pelea por un cargo en unas elecciones.El término “idiotes” se aplicaba al ciudadano particular que vivía para si mismo sin intervenir en los foros públicos.
Sólo a partir del siglo XIX se aplica el término de persona imbécil, ignorante o de inteligencia insuficiente. Según estas acepciones, los ciudadanos que no participan activamente en la vida pública se les podría llamar “idiotas” y los que sí lo hacen serían pues los “políticos”.
El problema está cuando algunos políticos consideran a los ciudadanos “ idiotas” en el sentido moderno de la palabra y no se dan cuenta que los que se convierten en “ idiotas” en el sentido griego, son ellos cuando utilizan las palabras para ocultar sus intenciones y usar “la política” para su uso particular y entonces sí nos convertimos todos los ciudadanos en “idiotas” en el sentido moderno de la palabra.
Y eso lo hacen cuando utilizan ese lenguaje retórico, vacío, escondido en palabras largas que ellos mismos aprenden unos de otros y se las hacen propias: necesariedad por necesidad, finalidad por fin, metodología por método, cumplimentar por cumplir, ejercitar por ejercer etc etc. En suma la enfermedad de las palabras nos hace idiotas ante los políticos. ¿ lo consiguen?”
Tanto por hacer, no?

lo felicito muy buen articulo siga adelante compañero
excelente artículo…
vaya, que estamos llenos de idiotas, y pocos políticos….
mmmm pues hay que tener cuidado y no caer en ese círculo vicioso del idiotismo politiquero
por cierto, que buena honda que se solucionó lo de su blog…