En uno de los barrios jamaiquinos hubo una mini-guerra este mes cuando el gobierno intentó capturar al capo “Dudus” para extraditarlo a EEUU. 70 civiles y 3 policías muertos y el narco prófugo ha sido el saldo. ¿Qué tan lejos estamos en Guatemala, El Salvador y Honduras de esto y cómo prevenirlo?
El mes pasado publicamos las reflexiones de una conferencia de FLACSO y FRIDE titulada Centroamérica: Estado, crimen y ciudadanía, que reunió a expertos continentales. El primer cuestionamiento es al modelo de “guerra contra las drogas” inventado hace 40 años y con resultados desastrosos –más producción, más violencia, más corrupción y más consumidores-. Y Centroamérica está en el jamón del sándwich.
Se reconoció que la mejor vía para enfrentarlo sería la legalización, pero mientras llega, puede deslegitimarse a los criminales y a los violentos si se armoniza le ley, la cultura (aprobaciones o sanciones de la sociedad) y la moral (de cada individuo). Uno de los ejemplos denunciados fue la práctica del secuestro. Como la propiedad en nuestros países en muchas ocasiones no es legítima sino corrupta, un privilegio, hay grupos que consideran que el secuestro es una transferencia de rentas. “Si no tengo el privilegio, me paso a la ilegalidad”.
En Guatemala se ha señalado que la respuesta de las personas ante la falta de oportunidades es economía informal, migración o crimen organizado. No podemos seguir con un país en el que la propiedad es un privilegio ni tampoco uno en el que se aplaudan conductas ilegales o dejar que queden en la impunidad.
Se propuso dejar de considerar al crimen como un fenómeno newtoniano, en el que el factor “x” lleva al resultado “y”. En vez de esto, parece asemejarse más a la biología y ser de naturaleza evolutiva. Así, se asienta en cuerpos débiles, con defensas bajas, lo que explicaría por qué prefiere asentarse en Guatemala que en Costa Rica, que tiene una ciudadanía más plena. Entonces, una de las defensas contra el crimen no debe ser sólo construir Estados fuertes, sino sociedades llenas de ciudadanos. Sin ciudadanos que aceptaran que actividades ilícitas son válidas, son una opción, no habría criminales.
Además, debe reconstruirse y legitimarse lo público. Para esta dinámica se necesita de instituciones que no sean para ciudadanos idiotas –en el sentido griego, que calificaba así a los ciudadanos que no participaban de la vida pública-, sino participativas, y por lo tanto legítimas.
Se enfatizó en tres temas comunes para Centroamérica. Uno es que las maras no son parte del crimen organizado. Dos: la herencia contrainsurgente, que fue el elemento indispensable para que floreciera el crimen como lo ha hecho, como en todas las regiones post-conflicto. Y tres: que es quizás el elemento indispensable, que es el lavado de dinero por medio de la economía “limpia”, donde tenemos una ardua tarea este año y los empresarios tienen un rol fundamental.
PS1. Brasil y Turquía llevaron a cabo una jugada maestra para desactivar el conflicto nuclear con Irán. E Israel acaba, nuevamente, de sobrepasar los límites de la civilización al asesinar a 10 activistas humanitarios que querían llevar ayuda humanitaria a Gaza. Vea más de estos temas en www.MartinRodriguezPellecer.com
PS2. Si en realidad queremos ayudar a los damnificados por el Pacaya y Ágata, debemos usar los canales institucionales que sí están funcionando y se llaman Conred. La dispersión de la ayuda a “aldeas favoritas” no ayuda tanto como si se hace por un solo canal. Conred debería habilitar una cuenta bancaria y ser el centro de toda la ayuda.
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