“Las naciones que oprimen a las mujeres son menos seguras e interesantes.”
Cuando uno se casa con una mujer espectacular, como me ocurre a mí, tiene que estar consciente de que a uno siempre lo espolearán para que reeduque al neandertal que lleva dentro, patología más desarrollada en sociedades epidémicamente machistas como la nuestra en Guatemala.
El asunto, que en apariencia es una cuestión privada y por lo tanto debería estar fuera del debate público, debería ser parte de una terapia colectiva y materia acaloradas discusiones en la política, y más aún, en la campaña electoral. Y es que hay una contradicción enorme cuando esperamos que haya democracia en la sociedad pero autoritarismo dentro de la casa, o equidad en la representación parlamentaria entre hombres y mujeres pero inequidad en las familias en los roles de cada género –incluida la tontera trasmitida de generación en generación de que el hombre es el jefe, la cabeza de familia y la mujer tiene que alegrarse de aspirar a ser “el cuello de la cabeza”–.
Los siete millones de guatemaltecos varones deberíamos frecuentemente ser fiscalizados y reprimidos cuando hacemos machadas o somos egoístas. Desde el detalle del tono de voz en las llamadas telefónicas para pedir favores hasta cuando miles de motoristas hombres que llevan a la mujer detrás prefieren, tan zorondos ellos, usar el único casco con el que cuentan y que la mujer vaya atrás desprotegida en el caso (probable) de que se accidenten. Aunque más bien la fiscalización debería ser pareja y extenderse a las siete millones de guatemaltecas que no denuncien ni fiscalicen el machismo y lo transmitan a sus hijos e hijas.
Hace unas semanas, Kathleen Parker escribió una columna en Newsweek sobre su feminismo renacido. Y un párrafo me resultó iluminador: “Hay muchos factores sobre el feminismo que pueden confundir, pero lo que tenemos claro es que empoderar a la mujer nos empodera a todos como sociedad. Investigaciones muestran que las compañías con más empleadas mujeres hacen más dinero. Y la historia reciente deja claro que las naciones que oprimen a las mujeres son naciones peligrosas. Mientras las mujeres no sean socias iguales en la raza humana, estaremos menos seguros y seremos, sin lugar a dudas, menos interesantes”.
Aló país peligroso con seis mil muertes anuales por asesinatos y otras seis mil muertes anuales por hambre. Aló país que siempre puntea de último en todas las estadísticas sobre equidad de género. Aló país que es fuente, destino y tránsito para la trata de mujeres y niños. Me parece que pasamos por alto el círculo patológico: machismo (en la casa, en la escuela, en la forma de entender la moral), inseguridad personal (falta de autoestima), armas (para demostrar que se es más macho), violencia (en la casa y en la calle) e inseguridad de que nos puedan matar en cualquier momento. ¿Y la respuesta para solucionar esto es más machismo estilo Pérez o Torres o ultramachismo estilo Baldizón?
Muchas mujeres que compiten con éxito con los hombres, sigue Parker, terminan actuando y pensando como hombres. A pesar de que es la campaña con más mujeres liderando partidos, no tenemos todavía una sola propuesta que ayude a sanar esta patología, ese profundo retraso social, de la inequidad de género. Y esto no quiere decir que la agenda de las mujeres deba ser sólo de género.
Pero podría plantearse guarderías infantiles públicas y gratuitas para que las mujeres puedan ser mamás y desarrollarse profesionalmente. O dar más fondos para asegurar que las niñas terminen primaria, secundaria y la universidad tanto o más que los niños. O cuotas políticas en el sector público y el privado. O derechos para las mujeres que trabajan como empleadas domésticas. O debates sobre el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. O combatir el tráfico de mujeres y abordar el tema de la prostitución. O aumentar los fondos para hacer cumplir las leyes contra la violencia contra las mujeres. Algo, alguna idea, alguna protesta, alguna puteada que nos caiga.
Al final de cuentas, lo que todos queremos para nosotros y nuestras familias es vivir con más alegría y más ética en esta vida en el país de la eterna primavera.
martinpellecer@gmail.com

Me encantó su columna. Acabo de leer “El país de las mujeres” de Gioconda Belli, y tiene muchas ideas interesantes, sobre todo una que me hizo examinarme y me causó malestar de tan cierto: las mujeres tendemos a cohibirnos en presencia de un macho, aunque sepamos bien nuestro oficio, negocio, lo que sea, es como si estuviera entretejido en nuestro ADN. Menos mal esa tara ancestral va desapareciendo cada día más, pero hay que educar por lo menos a tres generaciones más para que las cosas en realidad cambien. En otro orden de ideas, no sé cómo pudo casarse, si usted era mi novio! Claro, usted no lo sabía (mi marido tampoco) pero así era, cada vez que leía su columna, ja ja ja!!! Felicitaciones a su señora esposa por haberse conseguido un homo que además de sapiens es inteligente y además guapo.
Felicitaciones Martin por tan claro y preciso enfoque de lo que es el machismo en Guatemala. Se ve que te educo una gran mujer, una triunfadora, una de las nuestras y ademas que supiste escoger una gran esposa. Te deseo que ambas te “espoleen con carino” mas poco frecuente!
Muy buen artìculo, muy claro y lògico, Creo que todas las mujeres queremos un compañero que nos admire y respete, pues sòlo asì se puede caminar en una misma direcciòn.
Felicitaciones Martin al fin un hombre chapín se digna a hablar de las mujeres y quiere darles su lugar. Me encanta que por lo menos uno tenga esa semillita de tratar a la mujer como su igual y dejar el machismo por un lado. Yo vivo en un país primermundista dónde la mujer es tratada como igual y hay mujeres que pueden hacer el trabajo de un hombre tan bien o hasta mejor que ellos. Por esa misma razón me decidí a dejar mi bella patria porque a pesar de que en paisaje es incomparable nosotras las mujeres estamos relegadas a un segundo plano y yo nunca pude acoplarme a ello ni al machismo. Gracias miles por pensar en nosotras y te seguiré leyendo ahora con mucho más gusto. Saludos